18 oct. 2011

Toca cambiar, aunque la cosa funcione.

Whatever works, o Si la cosa funciona, fue la película con la que Woody Allen acudió en 2009 a su ineludible cita anual con el público. Tras una escapada a Londres, que duró varias películas, y una visita fugaz a Barcelona y Oviedo, Allen volvía aquí a dirigir una película en su escenario de siempre: Nueva York. En esta ocasión, el clásico personaje neurótico marca de la casa recae sobre los hombros de Larry David, que le da un toque aún más misántropo y derrotista al personaje que, personalmente, me encanta.

Obviamente esta no es una comedia romántica sin más, Allen toca gran cantidad de temas a su manera, y siempre hay algo que acaba dejando un poso en tu conciencia. De esta película me quedo especialmente con la idea de cómo el resto de las personas nos puede influenciar hasta cambiar nuestra forma de ver la vida, ya sea por amor, o por simple ósmosis. También acaba dejándote un mensaje positivo, de cómo hasta la más solitaria y huidiza de las personas puede encontrar a alguien, incluso de las formas más extrañas.

Pero sin duda, el momento con el que me quedo de la película es con la ruptura de Melody y Boris. La pareja va caminando por las calles de Nueva York y entonces ella encuentra un rincón apartado con unas mesas y enredaderas, que casi parecen estar en otra realidad, no pertenecen a la gran ciudad. Entonces ella le confiesa que se ha enamorado de otra persona, que necesita volar libre, pero le agradece el tiempo pasado juntos y cómo Boris le ha ayudado a madurar.



Al ver esta escena, tuve la sensación de que estaba siendo testigo de la ruptura de Woody Allen con Nueva York, una ciudad que le había visto crecer y le había llevado a ser quién es, pero una ciudad amarga al fin y al cabo, que le ataba a una rutina y quizás le había transmitido esa amargura, haciéndolo sentir más viejo de lo que en realidad era.. En sus viajes por el mundo, Allen se había enamorado de otras ciudades, había visto las posibilidades y ahora quería volar lejos del hogar. Y efectivamente es lo que ha hecho, como bien sabéis, pues desde entonces Allen se ha dedicado a grabar en distintas ciudades europeas, con menor o mayor acierto, pero siempre buscando una perspectiva y visión diferente y propia de cada una.

2 comentarios:

  1. Yo la vi con la idea preconcebida de que sería un nuevo Allen-truño, pero al final me dejó un buen sabor de boca. Siempre se encuentran pequeñas píldoras de genialidad en sus guiones, por muy lejos que estén sus películas recientes de sus grandes clásicos.

    Un saludote

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  2. Allen: un genio. Un film de Buñuel sobre un script de Dostoievsky. Asi lo veo yo, gran aporte.

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