5 ago. 2013

Nuevos horizontes

No sé si queda alguien por aquí, y si lo hay si me echan en falta. Hace tiempo que sospecho que todas las visitas que recibe el blog son por la foto de Alexandra Breckenridge o el post sobre Skyler White, al que llegan despistados buscando motivos para decir que es una zorra. El caso es que no debería sorprender a nadie al decir que el blog está estancado, pero no me decido a cerrarlo porque siempre cabe la posibilidad de que se me ocurra algo que escribir y no tengo un lugar mejor donde publicarlo. El caso es que llevo tiempo queriendo escribir en serio sobre cine, y me parecía que éste no era el lugar ideal, así que he decidido crear un blog específicamente para ello. Si queréis seguir leyéndome y además os interesa lo que pueda decir sobre cine, el blog es Reencuadres y en él intentaré hablar sobre cine de una manera diferente. No busquéis noticias y trailers, ni críticas de los últimos estrenos, pues por lo pronto ese no es el enfoque que busco.

Un saludo y hasta la próxima.

14 mar. 2013

Una mirada a Holy Motors

Holy Motors, la nueva y controvertida película de Leos Carax es una de esas rara avis que es a la vez una golosina y un reto para el crítico de cine. Al terminar su visionado las grandes escenas, los descubrimientos y las ideas que sugiere se agolpan en la cabeza, buscando su hueco para ser expresadas, y sin embargo el problema llega al intentar construir un texto bien articulado sin tener la sensación de estar dejando algo atrás, de no hacer justicia al trabajo de Carax. Durante el metraje un personaje argumenta que el cine y su belleza están en la mirada del espectador, así que me permito apuntar una de las muchas miradas posibles a ese mecanismo que es Holy Motors.

La película arranca con su director, Leos Carax, despertando en una habitación a oscuras en medio de la noche. A tientas llega hasta una pared que esconde una puerta, y a través de ella accede a una sala de cine. El público está en silencio, impasible, casi podría decirse que no tienen ojos. Carax, con aspecto visiblemente cansado, observa desde las alturas la situación mientras un niño pequeño avanza hacia la pantalla con los brazos abiertos, como si fuera al encuentro de su madre. Mientras tanto aparece otra poderosa imagen, una figura amenazante avanza entre las sombras de la sala, su silueta y respiración nos hacen temer lo peor, pero pronto descubrimos que la bestia se trata de un perro de aspecto bonachón y algo cansado. De repente la silueta nos parece una figura dócil. El anciano agotado, el niño entusiasmado y la fiera entre las sombras, juntos en una sala de cine. Una maravillosa metáfora de los planteamientos que expondrá la película.


Sin duda es muy difícil clasificar Holy Motors dentro de algún género, pues es una película que juega en su propio terreno y casi diríamos que crea sus propias reglas, sin embargo en las dos ocasiones que la he visto me ha dejado el sabor de un cuento de ciencia ficción, situado en un tiempo en el que "las cámaras son tan pequeñas que ya no se ven" dónde todo es cine, y por tanto, ya nada es cine. Monsieur Oscar, el protagonista, se pasa la vida interpretando personajes y haciendo papeles en los que incluso se deja la vida, como si de una continua película se tratara. En ese mundo en el que todo lo que nos rodea es una ficción ¿qué queda como entretenimiento? En un momento de descanso, mientras Oscar está comiendo, lo que observa a través de una pantalla es la calle que recorre con su limusina. Están tan saturados de ficción, de historias imposibles y revelaciones inesperadas, que la alternativa es observar el mundo que nos rodea sin más. Sin embargo, en otro momento del film, para apreciar la belleza del entorno deben recurrir a filtros infrarrojos o de visión térmica. Incluso los sueños tienen aspecto de vídeo, así de infiltrado está el artificio.

Durante el metraje Oscar interpreta a varios personajes y vive sus correspondientes historias, en una sucesión que hace que el espectador nunca pise suelo firme, pues cuando cree haber comprendido los mecanismos de la historia, Carax es capaz de sorprender de nuevo. Las representaciones en las que se involucra Oscar nos recuerdan la grandeza del cine pues nos brinda la posibilidad de vivir mil vidas que nunca serán nuestras y a la vez nos permite vivir mil veces una misma historia. Sin embargo Oscar no parece apreciar esa grandeza, y pasa por esas historias como un simple acto mecánico.

Nos encontramos pues ante una historia profundamente triste, pesimista e incluso melancólica. Carax parece estar preocupado porque la continua expansión e infiltración del cine en el tejido de nuestra realidad acaben por convertirlo en algo anodino, que aniquilen esa sensación de maravilla que siempre lo ha caracterizado, por culpa de aquellos que han pretendido domesticar a la bestia que es el cine. Carax utiliza esa sensación de cansancio y repetición como motor para alcanzar la renovación y el descubrimiento, creando una película que muta a cada paso e incluso se transforma en cada visionado. De esta forma la historia pesimista se convierte en la prueba de que el cine aún tiene mucho que decir y que, al igual que Oscar, aunque parezca caer muerto siempre es capaz de volver a levantarse. Finalmente el anciano cansado vuelve a ser el niño ilusionado y la fiera regresa a las sombras, más amenazante que nunca.


23 feb. 2013

Argo, entre dos tierras.

Argo, la última película de Ben Affleck como director, apenas necesita presentación. Es sin duda una de las películas más importantes y laureadas del año 2012, y supone la consagración definitiva como director del que antaño fuese Daredevil o héroe en Armageddon o Pearl Harbour. Argo cuenta la historia de la misión realizada por la CIA en 1979 para rescatar a un grupo de diplomáticos en Irán, plan que pasa por simular el rodaje de una película de ciencia ficción.

Ben Affleck aprovecha esta premisa para, durante la primera mitad de la película, ofrecer un interesante reflejo de la parafernalia que conforma el cine y más concretamente Hollywood. Los productores interesados, los proyectos impuestos por los estudios, los directores mercenarios y demás fauna quedan perfectamente retratados, así como se pone en relieve que no hace falta más que una buena publicidad y hacer mucho ruido para que se considere interesante un proyecto. En el documental The Story of Film: an Odyssey, Mark Cousins define el cine como "una mentira para contar una verdad" y de hecho, en Argo se escenifica la gran mentira que es el cine llevada a su máximo exponente: una película que ni siquiera es una película, sino una tapadera. La idea del cine como arma.

La segunda parte de la película se centra en el rescate propiamente dicho, contando una parte de la historia que hasta ahora había estado clasificada. Muchos destacan de Argo su función de documento, de herramienta para descubrir una parte de la historia hasta ahora desconocida para la opinión pública. La propia película se encarga de dejar claro esta parte de su personalidad con los correspondientes letreros de "basado en una historia real" al final de la función o con ciertos pasajes rodados con un estilo que imita al documental.


Es por ello que no deja de ser irónico que para contar esa historia real, Argo se sirva de todas los artificios que pueblan el cine y que señala en su primera mitad. A medida que se desarrolla la trama Affleck utiliza recursos como la banda sonora para subrayar y engrandecer la tensión de lo mostrado en imágenes, intercalando personajes y situaciones que aportan poco más que un simple alivio humorístico a la trama central o añadidos de tensión que poco tienen que ver con una situación real. Los casos más llamativos están en los segmentos rodados con un estilo documental antes nombrados, que en su intención de dar un toque realista terminan por tener un aspecto impostado en comparación con el resto del metraje, o esas imágenes que acompañan los créditos finales, en las que se compara a los protagonistas reales de la historia con los actores que los interpretan en la película. ¿Qué propósito tienen estas fotografías salvo remarcarnos lo apegada que está la película a la historia sucedida en 1979?

Durante el último tramo de la película hay otro aspecto destacable. Al finalizar la misión, la CIA no puede reconocer públicamente su implicación en la misión, así que atribuyen todo el mérito a los agentes canadienses. Los protagonistas se lamentan de no disfrutar de la gloria pero se congratulan de haber hecho un buen trabajo y ser conscientes de ello. De esta manera la película busca reescribir la historia, devolver el equilibrio restaurando el honor de los verdaderos héroes. Una vez más, el cine utilizado como un arma.

Estos detalles no ensombrecen el interesante trabajo de Affleck y los diferentes aciertos que se encuentran en el metraje, pero sin embargo cabe plantearse, hasta que punto podemos tomarnos al pie de la letra el documento que nos presenta, cuando la propia película nos señala las mentiras que vertebran el cine.

20 ene. 2013

El cine y la información

     Hace unos días me contaron una anécdota curiosa. Una chica fue al cine a ver Los Miserables, y salió profundamente enfadada, porque "si llega a saber que es un musical y encima con subtítulos no hubiese ido a ver esa mierda". Dejaré de lado el tema de los subtítulos porque creo que es una batalla perdida contra la gente que "no va al cine a leer". Lo que realmente me llama la atención es que a día de hoy, en lo que muchos llaman la era de la información, alguien entre a una sala de cine sin tener absolutamente ni idea de lo que va a encontrarse. En más de una ocasión me he topado con gente que le pregunta al taquillero del cine cuánto dura cada película y de qué tratan. Ojo, que no me parece mal, es casi hasta heroico, teniendo en cuenta el bombardeo promocional al que nos someten, que alguien sea capaz de llegar a una sala sin tener la más mínima pista de lo que va ver proyectado en la pantalla. El problema viene cuando esa falta de información condiciona nuestra opinión de la película.

Esa chica salió echando pestes del cine, y probablemente le haya hablado mal de la película a todo el que haya podido. La cuestión es que su mala opinión de lo visto no se debe a que sea una mala película (que puede ser) sino que probablemente haya estado mal predispuesta desde momento en que se dio cuenta de que era un musical con "estúpidos" subtítulos, algo que no hubiese sucedido de haber sabido lo que iba a ver. Un caso similar ocurre con las películas a las que se hace una promoción que lleva a equívoco, ya sea de forma intencionada o no, haciendo que buenas películas reciban malas críticas, por no ajustarse a las expectativas. Un caso particularmente divertido es el de la mujer que denunció a la distribuidora de Drive por lo que a su parecer era publicidad engañosa.

Pero la otra cara de la moneda no es menos preocupante. Como decía, vivimos en la denominada era de la información, aunque creo que sería más adecuado llamarla era de la sobre-información. La industria del cine nos bombardea a trailers, fotos del rodaje, teaser-trailers y distintos bocados de información muchos meses antes de que se vaya a estrenar el susodicho proyecto. Información que por otro lado es completamente irrelevante, pero que por las ansias de novedades son elevadas a la categoría de evento mundial (no exagero, se hacen estrenos on-line de trailers y hay mucha gente pegada a su pantalla contando las horas para verlos). Así la industria consigue que películas que en otros tiempos hubiesen pasado desapercibidas, reciban toda la atención posible. Luego, una vez que se estrena la película (o en su defecto aparezca el primer DVDScreener, práctica habitual de los que yo llamo cinéfilos de salón) empiezan a aparecer críticas y opiniones por toda la red, que también devoramos sin piedad. Y así, hinchados de información nos enfrentamos a la película, casi más pendientes de encontrar los fallos y aciertos que hemos visto señalados por otros, para tomar sus opiniones y disfrazarlas de las nuestras propias. Por seguir el ejemplo de Los Miserables, no son pocos los que la habrán visto buscando el más pequeño detalle que permita encumbrar la actuación de Anne Hathaway o por el contrario criticar el uso de los primeros planos de Tom Hooper.


Nos encontramos por tanto con opiniones prefabricadas y opiniones viciadas por los prejuicios o la falta de información. No hay que olvidar que el cine, como negocio que es, se debe en gran medida al boca a boca y una mala reacción puede herir de muerte la carrera comercial de una película o un director. Más que nunca hoy en día, que es muy común escuchar eso de "pues si no está bien la película me la bajo, que es gratis y no me importa". Por lo tanto, desde esta perspectiva cabe preguntarse: ¿cuál de las dos posiciones es más peligrosa?

En el caso de la falta de información solemos toparnos con opiniones totalmente viscerales, que o bien odian o adoran lo que han visto sin concesiones. Sin embargo es relativamente fácil diagnosticar uno de estos casos, pues difícilmente serán capaces de argumentar los motivos de su sentimiento. Suelen ser personas con una concepción limitada del cine, que lo entienden como una manera de entretenerse y olvidarse de sus problemas. Creo que cada uno sabe de quién puede fiarse y de quién no en según que cosas, así que esta situación me parece menos peligrosa en cuanto a la capacidad de influir en la opinión de otros. La otra opción me parece un tanto más preocupante, pues se disfraza de verdadero conocimiento una opinión completamente infundada, basada en lo que han dicho otros o lo que la industria quiere que se diga. Estos juicios suelen distribuirse mucho más y son la vía más rápida para encumbrar películas que no lo merecen o alabarlas por los motivos equivocados.

Por lo tanto, como en todo, creo que lo más sensato es buscar un punto intermedio, no ver una película con demasiada ni con muy poca información, dejando espacio para la sorpresa dentro de lo posible. Considero también importante procurar no caer en ese dogma no escrito de internet, que con su enorme lienzo en blanco parece obligarnos a tener una opinión sobre todo y lo antes posible. A la hora de hacer crítica de cine o simplemente transcribir nuestra opinión, me parece que lo más sensato es pensar si lo que se va a decir no es muy diferente de algo ya dicho, lo más sensato es no decir nada o al menos citar la fuente. De lo contrario estamos condenados a convertirnos, como diría el personaje sin nombre de Edward Norton en El club de la lucha, en una copia, de una copia, de una copia.

29 jun. 2012

A propósito del fútbol

Vaya por delante que no soy precisamente futbolero. Raramente me paro a ver un partido de fútbol, incluso en torneos grandes como la Eurocopa veo los partidos si no hay más remedio y si hay un plan mejor se hace, y mi mundo no se para. Bien es sabido que en ocasiones como esta salen los detractores del fútbol de debajo de las piedras con sus argumentos del pan y circo, el opio del pueblo, el dinero invertido y demás. Y este año, con eso de la Putacrisis, pues incluso se ha exagerado más. Ya desde las primeras semanas empezaron con el run run de que si era una maniobra de despiste del gobierno, que si estaban jugando con nosotros y el que estaba viendo el fútbol era tonto y similares. Me hacía gracia el hecho de que al final hacían más ruido los que se quejaban con estos argumentos que el propio fútbol. Al final ellos despistan también pero tampoco aportan ninguna solución al problema que consideran que requiere nuestra más absoluta concentración. Pues vale, cada uno con su historia.

Pero sin embargo estos últimos días he escuchado cosas que ya me han ido mosqueando más, porque hay quienes desean con todas sus fuerzas que la selección española pierda la final, que se jodan todos los que han seguido la Eurocopa y se vuelvan para casa cabizbajos, porque somos unos mierdas, esa es la realidad y esta alegría (por falaz que sea) no ayuda en nada. Hay incluso gente que dedica extensos poemas a desear la más absoluta de las derrotas (ojo que no me lo invento, lo escuché ayer por la radio). Y entonces yo me planteo: ¿Quién es el energúmeno aquí? ¿Quién es el triste? ¿Quién se está engañando?

Me parece profundamente divertido que alguien piense que desear el mal al resto, y más en una cosa tan absurda como ésta, sirva para algo. ¿Es estúpido disfrutar del fútbol pero es mucho más útil odiarlo? ¿Y qué si pierde la selección? Estarás un par de días riéndote de los idiotas que siguieron fervientemente el torneo y en un par de días volverás al día a día, igual que harían ellos si se ganase el partido. Lo más sencillo sería hacerse a un lado, si alguien quiere disfrutar del fútbol que lo haga, siempre y cuando no te moleste ni invada tu libertad, y cada uno a lo suyo. Pero no, aquí lo que prima es la maldita costumbre de rechazar lo que hace el resto, ridiculizarlo y cuando ya no queda otra, odiarlo y si se puede destruirlo.

No sé si es culpa de las redes sociales y las facilidades que dan para alzar la voz, hacerte sentir que tu opinión es dogma, aunque en realidad nadie te haga mucho caso. Pero igual estoy pensando demasiado, que esto no es más que fútbol y no vale la pena darle muchas vueltas ¿verdad?

20 jun. 2012

Cookies

¿Sabéis ese tipo de cosas que ves todos los días sin pararte a pensar en la importancia que pueden tener? Esas cosas que tienes tiradas por casa, en la habitación, o incluso que ves cada día de camino al trabajo y nunca te paras a pensar en lo útil que podrían ser en un momento dado. Pues hoy voy a contaros una historia real de este tipo. Hoy vengo a contaros la historia de: el día que un paquete de galletas me salvó la vida.

Os mentiría si dijera que recuerdo cómo llegó allí ese paquete de galletas, o que en algún momento imaginé lo importante que llegaría a ser. Probablemente se cayó de mi mochila en algún momento y ahí se quedó, en el asiento de atrás de mi coche, durante meses y meses. A veces me daba cuenta de su presencia, pero por lo general dejaba los bártulos encima de ella y nunca me plantee sacarla del coche por el simple hecho de que soy muy vago. La bolsa simplemente estaba ahí, soportando estoicamente las altas temperaturas a las que se veía expuesta continuamente y sin pedirme nunca que bajara la ventanilla un poco para que no se le derritiese el chocolate (y si lo hizo, yo nunca lo escuché).

Un día, en el largo camino a casa después del trabajo decidí echar una cabezada en un área de descanso. Me desperté en mitad de la noche bastante desorientado. Estaba muy oscuro y no me había dado cuenta de que llevaba ya un buen rato titiritando por culpa de la maldita calefacción que llevaba meses estropeada (ella seguro que no me salvaría la vida). Mientras intentaba reponerme del frío escuché algunos ruidos en torno al coche que hicieron fluir la adrenalina y me ayudaron a entrar en calor. Pero ahora estaba acojonado. Podía ser un oso, un puma... o quizás la chica de la curva se había mudado a un lugar menos peligroso y que no le trajera tan malos recuerdos. Mientras me imaginaba todo tipo de horribles escenarios, la ventana del copiloto se rompió en mil pedazos y apareció una figura junto a la puerta. Era un tipo con capucha que me apuntaba con una pistola.

Me pidió (si es que se puede considerar pedir a algo que te dicen pistola en mano) que me bajase del coche.  El tipo estaba tan asustado como yo, se lo notaba en los ojos y en su forma de temblar. Intenté dialogar con él, diciendo que no me podía hacer eso y dejarme ahí tirado. Le dije que el coche era un auténtico cacharro, que no funcionaba la calefacción y encima él acababa de romper una de las lunas. Intenté controlar la situación, de verdad que sí, pero el tipo perdió los nervios o se hartó de mí y acabó apretando el gatillo. Entonces sucedió todo. La bala se dirigía hacia mi pecho a cámara lenta mientras yo me encogía en una postura ridícula como si pudiese evitar el disparo. Oí el impacto, pero no lo sentí y supuse que había acabado todo. Abrí los ojos y vi la mirada aterrorizada del tipo, manchado de sangre al igual que yo. El tipo murmuró una especie de disculpa y salió corriendo. Tras unos minutos me dí cuenta de que no era de sangre de lo que estaba manchado, sino chocolate. Mire al suelo y vi la bolsa de galletas y entonces lo entendí todo.

La bolsa de galletas había saltado desde el asiento
trasero y se había interpuesto en la trayectoria de la bala. Todo este tiempo había estado ahí, yo no le había dado importancia y ahora me había salvado la vida. La sujeté entre mis manos sin parar de llorar y relamí el chocolate que brotaba del agujero que había hecho la bala. Esto no era justo. Le prometí que esto no quedaría así, le prometí que me vengaría, sin dejar de chupar el chocolate que manchaba mis manos. Pero al final no he hecho nada, porque como ya os he dicho, soy muy vago. Pero siempre recordaré ese momento y la valentía de ese paquete. Desde entonces no he vuelto a comerme un paquete de galletas, pero la verdad es que nunca me han gustado demasiado.  



16 jun. 2012

#nocabeenuntweet


Esta entrada es puro Spam, aviso desde ya que no quiero luego gritos indignados ni asambleas en la puerta de mi casa. Como comenté hace un par de entradas estaba pendiente de que viera la luz un proyecto que me hacía bastante ilusión. Pues en efecto, vuestras dotes detectivescas no han fallado y voy a hablar de él.

Se trata de #nocabeenuntweet, un libro creado a partir de las colaboraciones de numerosos twitteros, organizado y editado por Jesús Malpartida, más conocido como jdmalpartida. Este proyecto surgió como un proyecto de fin de curso de Jesús y finalmente vio ayer la luz en formato digital de forma completamente gratuita. Para descargarlo y tener más información aquí tenéis la web oficial.

Por último añadir que es un honor estar entre esta compañía y que espero que os guste. Me voy a plantar una flor, que es lo que toca después de salir en un libro ¿no?