8 jun. 2012

Mi mundo interior

Siempre había oído eso de que cada uno tiene un mundo interior, pero francamente nunca me había planteado visitarlo. Total, si es el mundo interior nadie va a verlo, ya puede estar patas arriba que a nadie le importará... es mi mundo interior y lo tengo como quiero. Y sin embargo ese día me sumergí en él. No me preguntéis como llegué allí. No hay una línea de metro con destino tu mundo interior, parada en tus sueños y anhelos, transbordo a tus recuerdos de la infancia; nada de eso, simplemente me desperté allí. Y no os voy a engañar, no me gustó lo que vi.

Imaginad el piso de universitario más triste que hayáis visto. Quitad de en medio a todas las erasmus borrachas, haceros a la idea de que hace un mes que no se paga el recibo de la luz y mucho menos se limpia y no estaréis ni mucho menos cerca del aspecto que tenía. No era más grande que una habitación, con una pequeña cama desnuda en una de las esquinas y el resto estaba ocupado por toda esa basura que te vas tragando con el paso de los años. Las paredes estaban decoradas con mis sueños y objetivos en la vida a modo de pósters, pero la humedad de la amargura había calado las paredes, reduciéndolos a versiones grotescas de lo que un día fueron, dándoles más aspecto de pesadilla que de sueño. Las paredes estaban agrietadas por todas esas veces que había gritado por dentro para no llamar la atención. Por si aún no ha quedado claro: mi mundo interior estaba en ruinas.

Mi primer instinto fue salir de ahí, correr mucho y con suerte encontrar el camino que me había traído hasta aquí. Luego pensé que podía correr todo lo que quisiera que todo eso iba a seguir dentro de mí. Así que arrasé con todo, o al menos con lo poco que había: rompí la cama (no creáis que me costó demasiado, las polillas habían hecho gran parte del trabajo), destrocé el colchón, me lié a patadas con la basura y empecé a golpear las paredes. A base de golpes las acabé derribando todas, incluida la cuarta. Cuando me quise dar cuenta me encontraba frente a una llanura impresionante, como si estuviese en un fondo de Windows. Miré al cielo y supe que esto era mucho más de lo que podía ver, esto era mi universo interior, y estaba ahí fuera. Me sentía mucho mejor, más libre. Primero pensé que ahora tenía mucho más espacio para acumular mi mierda, pero luego me prometí a mí mismo que eso no volvería a ocurrir.  

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