11 oct. 2009

Todos ciegos: capítulo 1

Como comentaba en el anterior post, aquí les dejo con una pequeña historia que empecé a escribir a finales de verano, pero que lleva algún tiempo esperando una revisión y pasada a limpio. Debido a su longitud la separaré en dos o tres episodios, y así les mantengo un poco en vilo. Antes de que nadie me lo diga, probablemente les recuerde a cierto personaje televisivo, pero es lo que me apeteció escribir, quién sabe si por mono. En cualquier caso, ahí va.

Se mueve de un lado a otro del salón, pero está tranquilo. Se prepara con suma meticulosidad. Esta noche va a salir, pero no va a cualquier parte. Esta es una de esas noches en las que sabe perfectamente lo que va a suceder y cómo va a suceder. Esta noche él es el titiritero que mueve los hilos y piensa cumplir con lo que su retorcido sentido de la justicia le dice que es su deber. Sin embargo esta vez será algo diferente, pues hoy el plan incluye algo nuevo, lo que provoca una fina capa de humedad en sus sienes, a la vez que la dura elevación en su bragueta. Esta noche toca matar.

Aún recuerda cómo comenzó todo. Un despejado día de verano, el sol imprime su calurosa firma en su nuca y una suave brisa agita la superficie del agua de la piscina en la que él sumerge y mueve distraído sus pies mientras lee un libro. En el momento adecuado (o quizás en el peor momento, depende de cómo se mire) levantó la vista y vió a un chico empujar a su hermano pequeño al agua, sin razón aparente. Lo que siguió al empujón está algo más borroso, impreso en la memoria con un trazo más débil, pero lo puede recordar. Chapoteos, gritos, silencio... más chapoteos y PAZ.

Se amarra los zapatos mientras repasa su plan. Recuerda los hechos y una sonrisa aparece en su rostro. Un chico de 16 años es acusado de violar y luego degollar a una chica de su instituto. Queda libre por falta de pruebas y su cara apareció en todos los telediarios, periódicos y debates televisivos, en los que personajes con poco que ver en el asunto decían que el chico era o no culpable por las razones que tenían escritas en un papel. Él sin embargo, sabe a ciencia cierta que no es inocente. Sólo fue necesario ver la expresión en la cara del chico al salir del juzgado para tener la certeza. Esa expresión ya la había visto antes, junto a aquella piscina. Se podría decir que eso lo había desencadenado todo.

Al caer su hermano al agua se había puesto de pie casi inconscientemente, al igual que hizo el resto de personas junto a la piscina al escuchar los gritos deseperados del niño que intentaba no hundirse a base de chapoteos. Mientras todos miraban al pequeño y actuaban para sacarlo de esa situación, él solo podía mirar a aquel bastardo. Caminaba por el borde de la piscina, a paso suficientemente ligero como para desaparecer de allí, pero no tanto como para llamar la atención. Cuando se acercó un poco más vio que tenía la mirada perdida, como si aquello no fuera con él, y en su cara había una sonrisa de satisfacción distraida. Si en lugar de eso hubiese visto un atisbo de arrepentimiento, probablemente todo hubiese quedado ahí, pero esa cara despertó algo en su interior.

Cuando pasó por su lado puso el pie en su camino, haciéndolo tropezar. Antes de que tocara el suelo lo agarró por el cuello y lo alzó. Entonces vió que su cara había cambiado, ahora el lugar de la sonrisa lo ocupaba una mueca de miedo.
-Vaya, ahora no estás tan contento, ¿verdad?- le susurró
El chico intentó hablar, pero el no le dejó. Le daba igual si de su garganta salía un "lo siento" o un "hijo de puta", nada cambiaba lo que había hecho. Lo lanzó al agua con todas sus fuerzas y fue a ver cómo estaba su hermano.

Pero esta vez no bastan con lanzar al chico al agua. El cree que a mayores crímenes, mayores castigos. Algunos dirán que no es moralmente correcto pagar la muerte con muerte, o que el chico sólo tiene 16 años, que no sabía lo que hacía. Él lo tiene claro: si eres capaz de violar y matar, estás preparado para morir. Y puesto que no hay nadie que parezca dispuesto a limpiar la basura del mundo, alguien tendrá que ensuciarse las manos.

Se asoma a la ventana y ve que ya han llegado la oscuridad y la lluvia, como dos amigas dispuestas a arroparle, y se lanza a la calle.

3 comentarios:

  1. oye, escribs muy bien! sigue por ahí

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  2. Música para mis ojos y justicieros de la noche!

    Mono de dexter?

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  3. Sí que recuerda a cierto personaje televisivo, pero mola. Espero el siguiente capítulo.

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