5 feb. 2012

Six Feet Under: la serie que nunca morirá

Finalmente he acabado de ver Six Feet Under. Y no digo finalmente como si me hubiese librado de una carga, no se me confundan, sino porque me he tomado mi tiempo para verla, y creo que ha sido la decisión adecuada. Siempre he dicho que no soy amigo de los maratones atropellados, eso de ver una serie de 4 temporadas en 2 semanas no va conmigo (salvo en las comedias), pues soy de la opinión de que hay que dejar respirar las historias, seguir el ritmo marcado y que los personajes vayan creciendo dentro de ti... y en este caso, eso es muy importante.

Para los que anden perdidos, Six Feet Under (o A dos metros bajo tierra) es una serie sobre una familia que lleva una funeraria. Así a bote pronto probablemente no suene muy apetecible, pero créanme que es de lo mejorcito que ha dado la televisión. Durante las 5 temporadas que tiene la serie somos testigos del devenir de la vida de los personajes, con sus problemas, disgustos y alegrías. Vidas como las de cualquiera de nosotros sólo que añadiéndole las historias relacionadas con el trabajo, lo que hace que sus vidas estén profundamente marcadas por la muerte. Todo esto aderezado con un delicioso humor negro y unos toques de locura de vez en cuando que le sientan muy bien.

Lo sé probablemente seguirá sin llamarles la atención, quizás les suene a cualquiera de esas otras series de familias disfuncionales y demás, pero de verdad que es un caso especial. En poco tiempo sientes que eres parte de esa familia de locos, y al empezar a ver la siguiente temporada tras el parón rutinario, me daba cuenta de lo mucho que los había echado de menos. Y lo que es mejor, sientes que cada personaje, en algún momento de la historia tiene también un trocito de ti. Por momentos me vi en el continuo inconformismo de Claire Fisher, o en el exceso de carga (y con ella viene la culpa) autoinflingida de Ruth Fisher, en la inseguridad disfrazada de autosuficiencia de Brenda, en los arranques de locura de David, en los brotes de rabia contenida de Nate... y así podría pasarme párrafos enteros, pero no es el plan.


Y así vas avanzando en la historia, y sin quererlo vas creciendo junto con los personajes, cada vez los haces más tuyos y a la vez aprendes de ellos. Y llega el final (con esa última escena absolutamente desgarradora y perfecta) y es imposible no tener la sensación de que, al igual que hacen en el sótano de la casa, te han abierto en canal, te han retocado un poco en cada rincón enseñándote lo que tienes dentro, para volverte a cerrar y dejarte como nuevo. Quizás les parezca exagerado, pero al menos es lo que yo he sentido.

No quiero acabar sin hacer mención especial a las grandiosas escenas iniciales de cada capítulo, en las que muere alguien, ya sea de manera grotesca, inesperada o de la forma más normal, pero siempre envuelta en ese halo de naturalidad, reflejando que la muerte puede hacer su aparición estelar en cualquier momento.

Y por último quiero lanzar una pregunta al aire: ¿cómo es que si Alan Ball es capaz de hacer una serie como esta, sea también responsable de esa chorrada que es True Blood?



2 comentarios:

  1. ¿Hay vida tras Six Feet Under? La echarás de menos mucho y muchas cosas de las que veas te parecerán banales. La serie de mi vida, yo la vi semana tras semana, temporada tras temporada allá en los primeros dosmiles cuando la echaban en la 2, y como tú bien dices es una serie que hay que dejarla respirar porque tiene infinidad de rincones y matices. Fue una suerte tropezar con ella.

    ResponderEliminar
  2. La emoción que transmite Six Feet Under es inigualable. Las pequeñas conversaciones de muchos capítulos te hacen que, al final, te sirva para aprender sobre tí mismo e incluso modificarte la vida real.

    Para mí está en el TOP 1 codo a codo con The Wire

    ResponderEliminar