15 abr. 2012

El fin

Empiezo a escribir sabiendo ya cómo acabará el relato, al igual que cuando nacemos sabemos de alguna manera la forma en que acabará todo. Nos pasamos la vida buscándole el sentido, el gran secreto que se esconde detrás, el objetivo que debemos alcanzar, y así es como dejamos que se nos escape. Aunque consiguieses descubrir el secreto nada cambiaría, no habría una gran fiesta ni algún dios bajaría a felicitarte por tu trabajo, te morirías igual que todos. Porque el objetivo de la vida es morir, y mientras tanto, vives.

Pensándolo fríamente yo soy igual. Mi vida consiste en ir construyendo un montón de cosas para luego derrumbarlas en un momento y volver a empezar. No importa cuantos nuevos amigos haga, cuantas novias me eche y cuantos trabajos empiece; no importa cuantas veces me diga "esto es de verdad, lo voy a hacer bien" que cuando me quiero dar cuenta lo he echado todo a perder y de vuelta al punto de control. Podría decirse que al menos con cada una de esas experiencias aprendo algo nuevo y me convierto en alguien mejor, que tomo nota de los errores para no volverlos a cometer, que el objetivo de ese camino era no volverlo a recorrer... pero sin embargo siempre lo vuelvo a hacer. Me he frustrado muchas veces por ello, me he odiado a mi mismo pensando que el problema era yo, he odiado a todo el mundo pensando que el problema eran ellos, he decidido pasar de todo a ver si esa era la solución, pero tarde o temprano me acaba afectando. Y ahora, en un momento tonto mirando al techo encuentro la solución: soy una repetición en potencia. Mi objetivo es girar sobre mi mismo una y otra vez, sin importar a quién me lleve por delante o quién se quede atrás. Soy una gran rueda que nunca se quedará sin energía. Pues que así sea.

Antes de llegar al final quiero confesar que nunca supe como acabaría el relato, pero era una buena forma de empezar. Definitivamente es cosa mía, estoy enganchado a los bucles.

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